dissabte, 13 de juny del 2009

Parodia de un día en la playa

Su mirada indefinida, estaba cada vez más vacía mirando el infinito de aquella extensión de agua fría y verde. Miraba el horizonte, como si quisiera encontrar-le la continuación, o el fin. ¿Que se yo? Me empezó a preocupar y me acerque a los ojos verde oliva, y empecé a pasarle la mano por delante la cara, para ver si allí aun vivía una alma dispuesta a seguir en la tierra. Ni se inmuto. Mi corazón dio un vuelco. ¿Lo hacía a apuesta? Seguro, pero el simple echo que fuera como si yo no existiera vaciaba mi alma hasta el último rincón.

No me rendí y esta vez me puse delante y le mire fijamente a los ojos, mientras dibujaba una sonrisa en mi boca. Era horroroso. Sus ojos brillantes ahora era de un verde tan oscuro que casi se podía decir negro. Me aparté con un nudo en la garganta, me la aclaré y le dije “¿Hay alguien aquí?”. No obtuve respuesta. ¡¿Pero que demonios estaba pasando en aquella playa?! De mis ojos empecé a notar como brotaban lagrimas y empezaban a caer por mi barbilla. Pero los ojos verdes aun estaban ausentes. Cerré los ojos y me tire en sus brazos, que se quedaron rígidos, pero note como su cabeza bajaba para mirar mi pelo. Había vuelto.