dimarts, 12 de maig del 2009

Como despertarse

Puse los pies en el suelo. El despertador como cada amaña, havia sonado con fuerza y hacia un efecto que aunque te resistieras acababas yendo hasta la estantería de la otra banda de la habitación. Debíamos estar locos, cuando decidimos que lo pondríamos ahí, pero al menos surgía un efecto. Me despertaba. La manera sistemática en que lo hicimos fue gracias al cerebro de mi mujer, una de las empleadas más valoradas de su plantilla. Su trabajo de decoradora de casas, nos llevo a la conclusión, que dejara mi trabajo, ya que con sus ganancias teníamos para los dos, i de sobra.

A partir de que nos casamos, hace un año, mi tarea ha sido más bien buena. El único trabajo era desayunar, limpiar, mirar la tele, cenar, mirar la tele, comer y dormir. Creo, que para un hombre como yo estaba bien, pero al fin y al cabo, después de meses te cansas enseguida, y prefieres hacer otra cosa, como pasear, leer… o dibujar.

Pues allí me encontraba yo, encima de la cama desecha, y con los ojos medio cerrados, escuchando el despertador, sin pensar. De forma automática, me alce y fui al baño. Encendí la radio mientras me ponía el bernus encima de los gaiumbos que llevaba para dormir, ya que con el calor, era imposible ponerse pijama. Encendí la radio, donde sonaba una canción desconocida para mí, y puse a cantarla, sin abrir la boca.

Me quede parpadeando, mientras observaba mi rostro.


La gente decía que lo tenia fino, y que con esos ojos verdes podía conquistar el mundo entero. Por los lados de mi boca, recorría el pelo duro de una barba medio marrón medio negra. La empecé a tocar sintiendo como picaban mis manos en entrar en contacto con ella. En el espejo, se veía claramente como me iba poniendo con diferentes posturas. Entonces me cerré en la tapa de vater, cerré los ojos, y empecé a reseguir mi nariz pequeña y los contornos de la cara, que parecía más bien cuadrada i rasposa, pero no “fina”. Encontré mi pelo erizado en la nuca y lo seguí, dándome cuenta de lo largo que estaba. Abrí mis ojos viendo que me estaba tocando el pelo negro, que me havia acompañado desde siempre.

Me quite las manos de encima, hi decidí cumplir mi objetivo. Cogí el gel que había en el armario, i empecé a esparcirlo por la cara. Acto seguido cogí con firmeza la cuchilla, y cuidadosamente empecé a quitarme la barba. La barba que me havia estado molestando desde hacía dos semanas. Tuve que ponerme algunos papelitos, para que no me sangrara las mejillas, ya que hacía tiempo que no me preocupaba de ese tipo de higiene. Había oído en alguna película, que la gente famosa se afeitaba al menos tres veces al día. Puede que yo no sea famoso, y tampoco quiero llegar tan lejos, pero al menos una vez cada dos días, me prepuse que lo haría.

La radio ya havia cambiando por lo menos 3 veces de canción, y todas no me parecían conocidas. Empecé a pensar, que el aislamiento que me havia propuesto, empezaba a ser demasiado, ya que era demasiado fácil perderte el mundo de la actualidad en aquel escondite de mundo, donde en un barrio donde se oía la opera de mis vecinos y poco más, por qué la calle era cerrada.